¿Dónde se jué, canejo? Aquel paisito donde uno tenía que llamar por teléfono, o si no tenía teléfono, pegarse una carrerita a la casa del vecino y pedirle permiso para llamar a alguien por fono.

¿Dónde se escondió?

Recuerdo cuando me cruzaba a lo de un amigo a jugar, a conversar, a putear, en fin, a hacer cosas que solamente se podían hacer en persona. Hablo de los 80. La gente se comunicaba.

Hoy en día, la gente se droga con sus celulares, con el féisbuc de morondanga ese, con el tuíter y anda mais. ¿No se dan cuenta que les están robando los mejores años de sus vidas? ¿No pueden largar los “juguetitos” esos antes de convertirse en zombis de por vida?

No me jodan, ché. Salgan a la calle y hablen con los vecinos. Déjense de joder con esas boludeces que los están volviendo cada vez más burros.

A ver qué me cuentan en veinte años (si vivo).

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