Un judío joven se hace rico en los negocios y decide comprarse un Ferrari como recompensa. Pero al poco tiempo se siente culpable por ostentar y resuelve conseguir una mezuzá (el pergamino con los versos del Torá) para colgar del espejo retrovisor.

Va al rabino ortodoxo y le dice: “Rabino, ¿me puede vender una mezuzá para mi Ferrari?”

El rabino le pregunta: “¿Qué es un Ferrari?”

“Es un auto deportivo.”

“¿Qué? ¿Quiere una mezuzá para un auto deportivo? ¡Eso es blasfemia! ¡Fuera de aquí! ¡Vaya a hablar con los conservadores!”

El tipo se va, cabizbajo, a hablar con un rabino conservador.

“Rabino, ¿me vende una mezuzá para mi Ferrari?”

“¿Qué es un Ferrari?”

“Es un auto deportivo espectacular.”

“¿Qué tipo de auto deportivo?”

“Italiano.”

“¿Qué? ¿Quiere una mezuzá para un auto goy? ¡Blasfemia! ¡Fuera de aquí! ¡Vaya a hablar con los progresistas!”

El tipo, cada vez más desilusionado, va a hablar con el rabino progresista.

“Rabino, ¿me puede usted conseguir una mezuzá para mi Ferrari?”

“¿Usted tiene un Ferrari?” le pregunta el rabino, sorprendido.

“Sí, ¿usted sabe lo que es?”

“¡Pero por supuesto! ¡Es un auto deportivo italiano fantástico! ¿Pero qué carajo es una mezuzá?”

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