En los días tenebrosos, los viejos espíritus se levantan de lo más profundo de sus rectángulos técnicos, donde el pasto húmedo crece gracias a los incontables entrenadores allí enterrados, para debatir sobre el estado del fútbol uruguayo y sus respectivas actividades. Al decir días tenebrosos me refiero a Jaloguín, Semana Santa, etc.
En esta ocasión, Su Honorable Fosilex Fossati y Su Honorable Fosilex Tabárez surgen del área llena de escupitajos y se sientan sobre el banco para discutir.

Hete aquí pues, la primera edición de “Debate en la cripta”.

Fosilex Fossati (FF): “Buenas noches maestro” (dice persignándose y encomendándose a la santa virgen). “¿Qué lo trae por el Estadio a estas horas?”

Fosilex Tabárez (FT): “¿Qué le ve de fácil al grupo? ¿Me quiere decir usted? No entiendo lo que le ven de fácil al grupo” dice el maestro mientras clava su bastón en el barro.

FF: “No, no me entiende, le preguntaba sobre la elección de lugar y hora para su aparición.”

FT: “Mire… Lo voy a decir una sola vez: no están designados todavía. Sí estarán los históricos, pero me paro ahí. Estoy muy contento con la evolución de los no históricos y con no mucha experiencia y en el tiempo que queda hasta el mundial se irá viendo cómo se van adaptando a las nuevas realidades.”

Fosilex Fossati hace una pausa, se aclara la garganta, saca un paquete de cigarrillos del bolsillo del saco, se lleva uno a la boca y trata de prenderlo. Pero no tiene encendedor, el cigarrillo está mojado y, de todas formas, si tuviera encendedor no lo iba a poder prender porque es un fantasma (él y el cigarrillo). Apoyando su mentón sobre sus puños, haciendo la gran pensador pero en doble, piensa su siguiente pregunta ya que con la primera no le fue muy bien.

FF: “Ya que ha sacado el tema del mundial, ¿no le parece que Cavani debería jugar arriba? Usted lo hace bajar a suplantar a Muslera cuando se cansa y a mi me parece que un delantero es un delantero y un arquero es un arquero.”

FT: “No sé cuán más claro se lo puedo explicar: jugar en la altura condiciona a cualquier atleta. No importa si ganamos con un empate en la hora o si perdemos por más de tres goles: en la altura, el resultado es siempre el mismo. Y me rehúso, ¿me entiende? ¡me rehúso! Objeto darle viagra a nuestros jugadores por ir a buscar un resultado utópico.”

Fosilex Fossati se persigna, se arrodilla sobre el barro, se le cae el paquete de cigarrillos del bolsillo del saco y putea, se persigna nuevamente y con su voz ronca y desencajada se dirige a Fosilex Tabárez una vez más, cambiando de táctica.

FF: “¿Quiere compartir un churro?”

A Fosilex Tabárez se le encienden los ojos como estufa a supergás con garrafa recién recargada. La fría noche del Centenario se torna cálida. Sonriendo por primera vez en su vida o en su muerte (es difícil distinguir), contesta enferbecido: “Usted sabe, ¿no? Estaba repasando aquel partido de Supercopa que usted iba ganando tranquilamente pero al mandar al campo de juego a cierto jugador que no estaba activo por muchos meses lo primero que hizo fue un exaltante penal que posteriormente le quitó el triunfo. Hay que ser pelotudo mire con qué fineza se lo digo, ¿no? ¿Eh?”

Esto era lo que Fosilex Fossati se temía. En sus peores pesadillas sufría menos que al cabo de aquel maldito partido de Supercopa. No tenía una explicación para el maestro. Miró el reloj del tablero con la esperanza que el juez no fuera a dar alargue así podría retirarse y enterrarse de nuevo en su zona técnica hasta la próxima fecha patria, pero el maldito juez (fantasma él también y encima sorete) alargó doce minutos. Fosilex Fossati temblaba como el bolso con el cinco a cero y pidiendo al juez que lo terminara. Haciéndose de un coraje sobrenatural se persignó, miró hacia el cielo y luego hacia el barro (el paquete de cigarrillos se hundía, burbujas todo a su alrededor) y contestó: “Ché, ¿por qué mierda lo seguís poniendo al Palito y al Mono? ¿Sos o te hacés?”

Fosilex Tabárez no se esperaba este retruque. ¡Fosilex Fossati estaba haciendo la gran Tabárez! Contra este ataque brutal y violento y agresivo no había defensa posible, ni siquiera metiendo los once bajo los tres palos como él era tan afecto. Así que haciendo uso de sus poderes del más allá, Fosilex Tabárez se dió media vuelta y luego otra media vuelta más, y luego dos veces más y tres y cuatro, cada vez más rapido, hasta que desapareció por completo bajo la zona técnica. El agujero en el barro se empezó a tapar como por arte de magia, pero Fosilex Fossati era más rápido que el arte de magia. Se mandó un zambullón cual clavadista, buceando y pataleando en el barro tibio y acogedor al cual llamaba hogar.

 

Ganador: Fosilex Fossati.

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