La “metodología ágil de desarrollo” es lo “hot” en las compañías que tienen equipos de programación. Hablan pestes del sistema “waterfall” o “cascada” que se ha venido utilizando por décadas, mal o bien, según cómo sea aplicado.

La “metodología ágil de desarrollo” es sinónimo de burocracia del más alto nivel. Consultores externos que someten a equipos de programadores a intensas sesiones de lavado de cerebro, “el mantra ágil” y que logran que no puedan terminar un proyecto (se la pasan en reuniones esotéricas, forzando a los programadores a buscar faltas en el proceso ágil y echarse la culpa mutuamente). A esto le dicen “continuous improvement” o “mejoramiento continuo”.

En la compañía donde trabajo hace muchos años, el incompetente del vicepresidente a cargo decidió implementar la metodología ágil. Ya hace más de un año que en vez de entregar software que funcione, nos pasamos los días en reuniones hablando de cómo deberíamos trabajar entre nosotros, creando “contratos” y “manuales” sobre cómo comunicarnos entre nosotros y, con suerte, tal vez programando unas pocas horas por semana.

En la compañía donde trabajo hace muchos años vino uno de estos “consultores” y creo que al tipo no le caigo muy en gracia. Sobre todo cuando le he mencionado varias veces que las reuniones que organiza son puro humo y lo único que se logra es que cada vez odiemos más esta metodología ágil. La cara de culo que pone cuando le cuestiono su religión “ágil” es un poema.

Claro que nunca falta el alcahuete ocasional. El que se pasa halabando le metodología ágil, tomando la palabra en las reuniones para besarle el culo al consultor, al vicepresidente y a Ali Babá.

Cuando a ese alcahuete le pregunto qué ha hecho exactamente en la semana además de hablar sandeces en las reuniones, la cara de culo que pone se parece sorprendentemente a la del consultor.

En fin. Me importa un carajo la metodología ágil y la neo-burocracia que unos consultores, cómplices con el inútil de nuestro vicepresidente, están insertanto en el laburo. Les canto las cuarenta y estoy empezando a no ir a muchas de las reuniones al pedo que hacen para hablar de psicología y comportamiento eficaz en equipo. En vez de eso, me dedico a programar, que es para lo que me contrataron hace años ya.

¿Y si me echan?

Me harán un favor. La única razón por la cual no me he rajado ya, es el buen sueldo. Aún así, es seguro que no me voy a jubilar en esta compañía “ágil”¨.

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