No es que me molesten los tatuajes en la gente. Bueno, sí me molestan. Tengo 45 y no tengo tatuajes. En ningún lado. ¿Para qué sirve un tatuaje? ¿Es como colgarse un cartel del cogote que diga: soy un nabo que pagó plata para que me inyecten tinta en la piel?

Pero vamos a no irnos por las ramas. Los tatuajes en el fútbol es de lo que quiero hablar. Cuando un jugador de fútbol se tatúa el cuerpo (algunos hasta la cara), ¿qué quieren expresar? ¿Que en vez de enfocarse en su trabajo (el fóbal) están obligados por algún complejo infantil de intentar sobresalir a los demás usando su piel como el canvas de un cuadro?

Si jugaran a algo, todavía lo aceptaría: el resultado es todo en el fóbal. Pero tenemos a perros que no le hacen un gol al arco iris tatuados de pies a cabeza. Caravanitas. Collares de perro. Cucharas, cual gitanos.

A ver. Antes que me digan anticuado, amargado, etc. Cuando tenía 15 años ya me parecían una reverenda boludez todas estas cosas. ¿Era anticuado a los 15?

Uno mira los partidos y ve a los jugadores que parecen grafitis con patas. Claro, no pueden dar dos pases seguidos. Pero orgullosos ellos de “expresarse” (por decirlo de alguna forma) con flores, cadenas, cuchillos, estampados sobre su piel.

Lindo futuro.

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