Un granjero va y compra un gallo nuevo, porque el que tenía ya estaba viejo y no podía hacer sus labores de gallo con las gallinas.

Trae el gallo más viril, fuerte, agresivo y buen mozo que puede comprar.

No bien lo larga en el gallinero, el nuevo galán le dice al gallo viejo: “Abuelo, se te acabó la joda. Rajáte de acá ahora mismo antes que te reviente a patadas en el orto.”

El gallo viejo le contesta: “Pero no me podés hacer esto, yo vivo acá hace mucho tiempo y me debés cierto respeto. Te propongo una carrera alrededor del gallinero; si vos ganás, yo me iré sin inconvenientes. Pero si yo gano, vos te irás sin inconvenientes. Supongo que un gallo joven y fuerte como vos no le va a tener miedo a un gallo viejo como yo.”

El nuevo gallo larga una carcajada y responde: “Pues bien, jovato, se hará como vos querés. Pero te voy a dar ventaja: empezá a correr ya mismo y yo esperaré veinte segundos antes de arrancar.”

Así se hizo. El gallo viejo salió corriendo con todas sus fuerzas, a una velocidad que era la misma de una tortuga con artritis, y el gallo joven esperó los veinte segundos. Al cabo de los veinte segundos, el gallo joven salió corriendo como alma que lleva el diablo, como el último transbordador espacial, como el último presidente argentino que se escapó en helicóptero hacia el jardín de sus patrones…

En una el granjero sale de la casa, escopeta en mano, y dice: ¿qué carajo está pasando? Empuña la escopeta doble caño y ¡pum! Lo vuela al gallo joven a los cielos de los cielos.
“¡Este es el cuarto gallo maricón que compro este mes!”

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