Este chiste me lo contó un compañero de trabajo iraní, quien es tan religioso como yo y que odia a los mulás.

 

Un padre decide que su hijo adolescente ya está en edad de tener una conversación seria. Lo sienta a la mesa del living y le dice: “Hijo, ya es hora que decidas lo que quieres hacer en la vida.”

El padre, entonces, produce una botella de whiskey, un mazo de cartas de póker y una copia del Noble Corán. Le dice: “Hijo, tu futuro yace sobre la mesa. Debes decidir a lo que te vas a dedicar.”

Sin pensarlo ni un segundo, el hijo se toma el whiskey, se pone a jugar a las cartas mientras profiere sonoros eructos y, para terminar, se pone a leer el Corán con fingido interés.

El padre se lleva las manos a la cabeza y dice: “¡Oh, no! ¡Vas a ser un mulá!”

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