Este bendito mundial de Rusia 2018 es un signo de los tiempos. Quedará para siempre en la historia de la humanidad como el mundial donde la gran mayoría de la población de este planeta demostró que prefiere disfrutar de una competencia sana, pacífica y divertida, que de provocar guerras en países pobres con el fin de robarles sus recursos para hacer a los ya ricos aún más ricos.

Es también el mundial que marca el fin de las naciones = razas. Ejemplos a continuación:

Francia: más de la mitad de los jugadores (15) son tan franceses como Artigas era budista. Juegan bastante bien.

Alemania: conté por lo menos seis que no tienen pinta de teutones (a no ser algún gordo, tal vez). Estos la verdad que juegan como el reverendo orto (término astronómico, eh)

Dinamarca: cuatro morochos que caben más en un conjunto lubolo que errando pases en un equipo que todavía tiene familia real. Por favor.

Suecia: dos al menos, pero pueden ser cuatro o más (soy daltónico). Otro “país” que le chupa las medias a su “familia” “real” (aunque nadie le gana a Aspaña en ese rubro).

Suiza: 13 al menos. Son las Naciones Unidas de Albania. Incluyendo al par de abombados que hacían el signo del águila para meterles el dedo en el orto a los serbios, y revolvérselo. Estupenda Suiza. Cuando las papas queman, vengan los “negritos”

Uruguay: la verdad que el más fiero fue, en honor a una Guambia del mundial de Italia 1990, el “Chango” Pintos Saldanha. Juaaaa. ¡Vamo arriba Uruguay carajo!

 

Anoche vi una película llamada “María Magdalena” (2018). Tomaron ficción de la Biblia (el primer libro de ficción épica) y adaptaron ciertos capítulos sobre los Apóstoles y María Magdalena, para mostrar que ella no era la puta que nos habían querido hacer creer desde el siglo seis (por un Papa-rulo que así lo decretó). Resulta que el Vaticano ha declarado recientemente que María Magdalena no era la conventillera previamente mencionada, sino que era una “Apóstol entre Apóstoles” (sea lo que canejo signifique eso).

Pues bien… En estos tiempos de “yo también” (con el hashtag ese de la concha negra de su madre) y de “igualdad” entre hombres, mujeres, bisexuales, trisexuales, ambivalentes, no-declarados, bolsos, tuertos y colorados, todo esto me suena un poco como a “acomodo” de las cosas para atraer clientes nuevos para la Iglesia.

¿Debemos pues, esperar, a los años venideros, para que el Vaticano (o el Banco de América, las Naciones Unidas, la Reina de Inglaterra, el Fondo Monetario Internacional, etc.) anuncie que Jesús no sólo que no era judío, sino que era hermafrodita, nacido con pito, pelotas y cotorra? No me sorprendería en lo más mínimo.

Después de todo, el cliente siempre tiene la razón.

A ver: a los “políticamente correctos” que se puedan llegar a ofender por este artículo, les puedo decir algo que he escuchado varias veces últimamente. Que la sigan chupando. O mejor dicho, que me sigan chupando la muy fiel y revolucionaria, la gran puta madre que los parió.

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