Del 4 al 10 de agosto de 2018 anduvimos con unos amigos de Rumania por el Bark Lake. Mi amigo tiene un botecito que él mismo fabricó, para dos personas. Como éramos cuatro, terminamos alquilando un bote más grande para todos. Los rumanos sacaban como tres pescados por día.

Yo no pesqué un reverendo carajo.

Aquí un mapita de la zona de Bark Lake.

Hablando de pescar, este viaje me hizo acordar de una vez en Fray Bentos, allá por los tempranos 1980, sobre el río Uruguay. Estaba sobre un muelle con mi abuela, con una cañita de pescar que era realmente de caña, dos secciones que se unían con un cilindro de metal.
Meta y meta tirar el anzuelo y esperar. Mientras, unos gurices a escasos metros nuestro, sacaban pescados que daba miedo. Uno tras otro. Obviamente sabían donde ubicarse los muy pícaros.

Allá a las cansadas logré enganchar uno chico. Le rompí tanto las que te jedi a mi abuela que me lo tuvo que limpiar y fritar (me lo quería comer). Tanto era el apuro que no bien lo sacó del sartén me lo llevé a la boca y me quemé la lengua.

Toda la noche en pena.

Pero la cosa es que pesqué más aquella tarde de los tempranos 80 en Fray Bentos, que el otro día en Bark Lake.

Aquí un video.

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *