A los que “descubrimos” Internet allá por 1995 y, sobre todo a los Peñarolenses (aunque muchos de nuestros “hijos” también lo hicieron), sale desde aquí un pedido de reflotar a la vieja y querida Manya Page.

No me voy a poner a nombrar nombres, porque tal vez los creadores de tal genial, pionera página no estén interesados en el trabajo hercúleo que sería revivir tal proyecto.

Este humilde servidor supo estar entre el “staff” de la querida página, allá por aquel lejano 1997. Recuerdo la camaradería que emanaba de cada artículo, cada comentario en la lista de email, cada transmisión “en vivo” de los partidos por IRC (Internet Relay Chat) cuando alguno desde el paisito escribía las jugadas paso a paso, para los desafortunados que no lográbamos engancharnos al stream de la radio (por esa época, había uno sólo, por RealAudio, luego RealPlayer).

Totalmente lo opuesto a lo que se encuentra hoy en día en las páginas peñarolenses. Nuevamente, sin nombrar nombres (en este caso las páginas mismas) se puede decir que los tiempos han cambiado. Atrás quedó la camaradería, la buena educación, la maravilla de compartir con manyas de todo el mundo lo que significaba seguir en vivo un partido de Peñarol. Durante 90 minutos, aurinegros esparcidos por todo el planeta se convertían en una suerte de “Borg” (de Star Trek the Next Generation), todos conectados entre sí. Puteando, llorando, riendo.

Las páginas de hoy en día–las que han logrado sobrevivir algunos años–carecen del calor de la decana Manya Page. Son frías. Algunas se acercaron, pero terminaron por sucumbir. Es una gran lástima.

Por eso, desde este lugar demando que www.manya.org renazca, como el Fénix de sus cenizas. Ya no se disfruta igual de Peñarol, desde la lejanía, sin la vieja y querida Manya Page.

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