Paseando cerca del trabajo (como hago cada día) me encontré con este espectáculo horrendo, espeluznante, traumático y burlesco: ni más ni menos que el héroe de mi infancia Mr. Pac-man, desparramado borracho en un parque, eructando, orinado, enchastrado en su propio vómito. Como si fuera poco, me pidió un cigarrillo. Por suerte no fumo.

A continuación, el documental de tal desgracia. Se previene a los televidentes que las imágenes no son aptas para menores de 18 años.

 

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