El alcahuete de oficina (también conocido como adulón, chupamedias, lameculos, chupapijas, etc) ha cambiado con el tiempo. La tecnología actual lo ha llevado a ejercer su arte en el éter. No me malentienda; sigue lamiendo el trasero del jefe igual que antes, solamente que ahora lo hace de forma virtual.

Una discusión reciente que tuve con mi propio jefe, en la cual yo le preguntaba si quería que yo hiciera mi trabajo de programador o me convirtiera en un alcahuete, me inspiró a escribir esta guía práctica para identificar lameculos en la oficina. De más está decir que a mi jefe no se la voy a mostrar; no porque le tenga miedo, sino porque su intelecto no es suficiente para comprenderla.

Hete aquí, pues, la susodicha lista.

 

Red social de la compañía

Toda empresa promotora de alcahuetismo la posee. En la mía se denomina “Teams”, o “Equipos” de Microsoft. Una suerte de intranet que usan los diversos grupos para poner allí, en “canales”, toda la información relacionada al proyecto en el cual trabajan en determinado momento. Hay canales también de acceso general, para toda la compañía, o división. Es en estos canales que germinan los alcahuetes. Por ejemplo: algún director, vicepresidente, o tal vez el mismo gerente general trasnochado, pone un mensaje sobre lo grandioso que es utilizar la metodología ágil de desarrollo para sincronizar la sinergía existente en la empresa y mejorar sustancialmente la calidad del servicio interdepartamental, con el propósito de eliminar “burn-out” y alguna otra cosa tangible por el estilo. Pues bien, inmediatamente que el autor postea el mensaje, los alcahuetes le dan tantos deditos para arriba que parece que el tipo hubiera descubierto la manera de viajar a la velocidad de la luz. Uno mueve el cursor sobre los deditos para arriba y de esa forma obtiene la lista de lameculos.


Iniciativas corporativas

Integrar la campaña de United Way, la subida (por escalera) de la CN Tower, la concientización de usar una hoja de papel higiénico en lugar de dos, la forma correcta de dirigirse a un colega “no-binario”, etc. Iniciativas por el estilo son las favoritas de los alcahuetes. Un alcahuete, por definición, no posee otra abilidad que no sea la de besarle el culo a su jefe. Por lo tanto, lógicamente, dicha “persona” anda continuamente a la pesca de actividades por el estilo–donde pueda figurar como pavo real expandiendo su cola de abanico. El trabajo por el cual le pagan que lo hagan los demás; el alcahuete estará sumamente ocupado por semanas, meses tal vez, en la iniciativa corporativa a la cual se ha sumado.


Presentación de los “Objetivos y resultados clave”

Es cuando el equipo del alcahuete no puede completar su proyecto “real”. O sea, el proyecto por el cual le pagan. El adulón ha impedido trabajar a su equipo de programadores, organizando reuniones constantes para plasmar sus ideas grandiosas para la gran presentación, en frente de toda la divisional, de los objetivos y resultados clave. El lameculo quiere demostrar que su equipo está alineado al cien por ciento con los mandatos y la visión de la cúpula directiva, de modo que no hay tiempo para otra cosa que no sea preparar dicha presentación. Mientras, los programadores no le han dado bola y han hecho su trabajo, conscientes que si el proyecto no se termina, los pondrán de patitas en la calle. El chupapijas decide entonces, que es prudente quejarse a los supervisores de dicha gente para “encarrilarlos”.

Las noticias del día

Nunca espere que el alcahuete de oficina comente las noticias diarias a no ser que le repita, cual papagayo, lo que ha escuchado o leído en los medios corporativos como si fuera la palabra de Dios, Maoma, Jesús o Coca Cola. Nunca espere una crítica de su parte, a no ser que usted cuestione lo que los medios corporativos han expresado. El alcahuete de oficina se mantiene en el medio del rebaño, porque se siente seguro allí. Su terror es ser asociado a los “rebeldes”: es decir, a los que no se creen todo lo que los medios corporativos escupen día a día. Pensamiento crítico es el peor enemigo del alcahuete de oficina.

El saludo misterioso

Cuando el alcahuete de su zona, quien nunca le dirige la palabra, sorpresivamente lo saluda afablamente cierta mañana: le pregunta cómo pasó el fin de semana, qué piensa hacer para el próximo, y si sus padres están bien (vivos, muertos, enfermos). Lo deja tan descolocado que se olvida que estaba por abrir el Outlook para chequear sus emails. Lo abre y la explicación a ese comportamiento tan poco característico del alcahuete se presenta clara como agua de manantial: invitación para una reunión (organizada por el alcahuete) para “tirar ideas” sobre cómo mejorar la implementación de la metodología ágil de desarrollo. Una reunión de cuatro horas y hay que llevar el almuerzo. Me encanta la tecla “delete”. La aprieto con gusto, saboreando el momento. Cuando me pregunta: “¿Quiere avisar al organizador que no atenderá la reunión?” le digo que no.

… vienen más, esto es un documento vivo…

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