En mi compañía han habido muchos cambios en los dos últimos años: han “adoptado” la metodología ágil de desarrollo, frase trillada si las hay. Este regalo de los dioses del Olimpo es la panacea para cualquier departamento o división de tecnología informática. Es la cura del cáncer, el antídoto para corazones rotos, el motor que hace posible viajar a diez veces la velocidad de la luz. Alfa Centauri, allá vamos.

Pues bien. Desde que mi compañía adoptó este genial sistema, los jefes, o como les gusta llamarse a sí mismos “Leadership Team” (equipo de liderazgo) no han hecho otra cosa que deshacerse de sus tareas diarias y encajárnoslas a los equipos técnicos (programadores como yo) bajo el pretexto de que “ágil” significa darle total control a los equipos técnicos de todas las áreas operacionales.

Como siempre, los alcahuetes se pelearon entre ellos y ellas para exhibir su adoración a tal emprendimiento. Claro, hablo de los “técnicos” que no saben escribir un comando de código, los “analistas de lógica empresarial” o algún otro título inventado por el estilo. Los que hacen una carrera de lamerle el trasero al jefe incompetente, ya que ellos son tan o más incompetentes que su ídolo en el Olimpo.

Los programadores nos dimos cuenta enseguida que esto no era más que un pretexto para encajarnos el trabajo del “Leadership Team” a nosotros, mientras ellos se pasaban los días en reuniones discutiendo si el círculo se podía volver cuadrado. Bien. Conmigo, yorugua terco y desacatado, no han tenido mucha suerte. No bien nos tiran un “edicto” sobre nuestras nuevas tareas, yo les retruco con que soy programador, no recursos humanos (quieren que haga comentarios sobre mis colegas), ni tesorero (quieren que justifique gastos de Cloud Technologies), ni fotógrafo (quieren que saque fotos de nuestras reuniones).

Se podrán imaginar que no les cae mucho en gracia, ya que mis retruques tienden a ser públicos. Posts que toda la compañía puede ver.

Recientemente nos enviaron un formulario (electrónico obviamente, esto es Canadá, el país mas avanzado del tercer planeta) para que nos juzguemos a nosotros mismos en una suerte de 50 preguntas de opciones múltiples y luego expliquemos cada una de las opciones y cómo se adecúan a los valores de la empresa. Resulta que marqué todas las opciones en las 50 preguntas y, al explicar los “valores”, puse lo siguiente, dejando el valor de “responsabilidad” para el final: “Soy responsable al criticar al ‘Leadership Team’ por crear una gigantesca burocracia que no hace otra cosa que chupar recursos económicos, en vez de trabajar para el beneficio de nuestros socios (no especificaré la compañía, pero es una pensión para trabajadores de…). Por ejemplo, ahora van a contratar a una horda de ‘Culture Coaches’ (asesores de cultura corporativa) que no traerán otro ‘valor’ más que organizar infinidades de reuniones, interrumpiendo el verdadero trabajo de los técnicos, que es mantener los sistemas para que los retirados cobren su jubilación en tiempo y hora.”

Agregué además, como para insertarles el dedo índice en el ano y revolverlo un poco: “También critico iniciativas como este formulario ridículo, que no logra otra cosa que mantener a toda la compañía ocupada durante días mientras los empleados escriben comentarios épicos para aparentar ser estrellas a los ojos del ‘Leadership Team'”.

Al otro día de enviar el formulario, el vice presidente de Tecnología Informativa me llamó para “discutir mis comentarios”. Mi jefe se ve que se recagó en la bombacha y le tiró la papa caliente encima a su jefe. No bien entré al cuartito me dijo: “No te sientes, que esto va a ser muy rápido”. Como yo siempre hago lo opuesto a lo que él me dice, me senté. Me dijo: “He leído tus comentarios y debo decir que me siento insultado. Te voy a dar una chance que los cambies, y sino, te sugiero que prosigas tu carrera en otro lugar.”

Día siguiente (tras ignorar su ultimátum), leo email del gran jefe: “Veo que no te has tomado el tiempo de cambiar tus disparatados comentarios en contra del ‘Leadership Team’, de acuerdo a nuestra discusión. Bla, bla, bla”.

Respuesta: “Primero, no fue una discusión. En 10 segundos me dijiste que o cambiaba mis comentarios, o me buscaba otro trabajo. Segundo, si no podés aceptar comentarios honestos, no los pidas. No voy a cambiar mis comentarios”.

Contestó enseguida que mi actitud debe cambiar, que no eran justos los ataques al “Leadership Team” y que era un terrorista (casi). No le he vuelto a contestar nada y no me han echado (todavía). Creo que no tiene los huevos este payaso corporativo porque piensa que le voy a armar flor de juicio civil. Lo que sí creo que se ha dado cuenta es que cualquier idiotez nueva que se le ocurra se va a dar de jeta contra mi crítica. A no ser que tenga un poco de inteligencia y no me rompa más las pelotas.

 

Actualización al 1 de agosto: me rajaron. El jefe de mi jefe, incompetente eméritus sufriendo todavía el pepino espinoso que le inserté en el culífero, me llamó urgente a una reunión ayer a las 9 de la matina. Tranquilo, empaqué mis cosas en la mochila (sabiendo lo que se venía) y cuando entré al salón de reuniones me encontré con el jefe de mi jefe y una loca de recursos humanos. Puse la mochila sobre la mesa y dije: “¿Cómo les va?”

“Debo decirte que tu empleo es cesado en este momento por no contribuír con la visión corporativa” dijo el incompetente inseguro, o alguna otra frase enlatada por el estilo. Ya no le presté más atención, como uno hace con una mosca que ha reventado sobre la mesa. Mientras el inseguro se retiraba corriendo casi, no fuera cosa que le fuera a pegar un soplamocos, dediqué mi atención a la de recursos humanos que me explicó el paquete de despedida que me otorgaban, el cual no está nada mal. Como para que me quede contento y no les haga un juicio parece, tan valientes que son todos allí.

De más está decir que hace meses que yo quería llegar a esta situación y al final lo logré. De ahora en adelante, libertad. Uruguay carajo nomá.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *