En Mississauga tenemos un agente inmobiliario que todos los años reparte calabazas de Halloween gratis (las que se escarban con caras horripilantes para asustar niños y despistados). Sí, gratis. Para hacer un poco de publicidad todo vale. Con suerte un año empieza a repartir lechones, corderitos, pavos, etc.

No es que me queje, no. Lo que pasa es que medio como que me sacó la inocencia este agente inmobiliario dichoso. Yo creía que estas calabazas caían de los árboles en días ventosos, junto con las hojas. Pensaba que entre tantas hojas las calabazas no se veían, mientras crecían y crecían. Hasta que vino este infeliz. Por otra parte, quiero creer que el tipo las recogió en el bosque donde deben caer muchas, y simplemente las empezó a repartir por el barrio.

Esto fue la semana anterior a la fecha de este artículo.


Aquí los pesqué in fraganti.

 

Repartiendo calabazas como hacían en los 1800 (menos la camioneta)
Y allí me la dejaron.

 

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